Se enfría el debate sobre la legalización de los casinos en Brasil

Senador Jaques Wagner.
Senador Jaques Wagner.

El senador Wagner, líder del gobierno en el Senado, considera que el contexto actual no favorece la discusión del Proyecto de Ley 2.234/22.

Brasil.- El Proyecto de Ley 2.234/22, que busca legalizar los casinos, bingos, el jogo do bicho y otros juegos de azar en Brasil, enfrenta un nuevo obstáculo en el Senado. Según el senador Jaques Wagner, líder del gobierno de Lula en la Cámara Alta, la propuesta no figura entre las prioridades legislativas del momento, lo que reduce las chances de su aprobación en el corto plazo.

En una entrevista con Poder360, Wagner señaló que el ambiente actual no es propicio para avanzar con el proyecto, especialmente por la controversia generada por las apuestas deportivas en línea. “Es el peor momento para debatir esto, por cuenta de la repercusión de las apuestas deportivas. No hay clima para votar en este semestre”, afirmó.

Esta postura contrasta con la del relator del proyecto, el senador Irajá Silvestre Filho, quien defiende la legalización como una oportunidad económica para generar ingresos fiscales y empleos. Irajá ha insistido en que el texto está listo para ser votado y mantiene diálogos con el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, para intentar incluirlo en la agenda. Sin embargo, la última palabra sobre el cronograma recae en Alcolumbre, y las señales apuntan a una postergación.

El PL 2.234/22 ya había enfrentado resistencias significativas, como las de la Bancada Evangélica, que reúne a 22 de los 81 senadores. Este grupo, según informó Irajá la semana pasada durante el evento BiS SiGMA Américas, mantiene una oposición ideológica y religiosa, argumentando que los juegos de azar podrían agravar problemas sociales como la ludopatía. En diciembre de 2024, la presión de este sector llevó al propio Irajá a retirar el proyecto de la agenda, aplazando el debate hasta 2025.

El proyecto propone autorizar casinos en polos turísticos y complejos de ocio, con un límite de un casino por estado (excepto en São Paulo, con hasta tres, y otros cuatro estados con dos), además de regular bingos, el jogo do bicho y apuestas en carreras de caballos. También establece requisitos como un capital social mínimo de R$ 100m (USD 19m) para operar casinos y licencias de hasta 30 años.

A pesar de su potencial para modernizar la regulación de los juegos de azar, vigente desde la prohibición de 1946, el proyecto enfrenta un escenario de división política y social. Con Wagner descartando su prioridad y la oposición religiosa ganando terreno, el futuro de la legalización sigue incierto, dejando en suspenso una reforma que podría transformar el panorama económico y turístico de Brasil.

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