5 líderes – 1 pregunta: Modelos regulatorios en LatAm y cómo desarrollar estrategias regionales

5 líderes – 1 pregunta: Modelos regulatorios en LatAm y cómo desarrollar estrategias regionales

Cinco referentes de la industria en la región comparten su visión sobre cómo los operadores pueden desarrollar estrategias regionales escalables en un continente con modelos regulatorios muy fragmentados.

Reporte especial.- América Latina se consolidó en los últimos años como una de las regiones de mayor crecimiento para la industria del juego, impulsada por la digitalización, el avance de las apuestas online y la entrada de nuevos marcos regulatorios en mercados clave como Brasil, Colombia, México y Perú.

Ese crecimiento, sin embargo, llegó de la mano de una fragmentación regulatoria notable: cada jurisdicción definió su propio marco en base a sus propias reglas, instituciones y cultura, lo que generó un mapa complejo de licencias, impuestos y requisitos de cumplimiento.

Frente a este escenario, Focus Gaming News reunió para esta nueva edición de “5 líderes – 1 pregunta” a cinco referentes de la industria en LatAm y les realizó la siguiente pregunta: Dada la gran diversidad de modelos regulatorios que existen en América Latina, ¿cómo pueden los operadores desarrollar estrategias regionales escalables sin toparse con requisitos contradictorios en materia de licencias, impuestos y cumplimiento normativo?

Los participantes, en esta ocasión, fueron: David Moniz, presidente de la Asociación Dominicana de Casinos y Juego (ADCJ); Luis Gama, secretario ejecutivo de la Cámara Uruguaya de Operadores y Arrendadores de Servicios de Casino y Salas de Esparcimiento (CUOASEC); Patricio Molloy, igaming business developer; Gerardo Ballesteros Félix Díaz, consultor jurídico y corporativo en materia de juegos y sorteos en LC GAMING; e Ida López, presidenta del Instituto Provincial de Juegos y Casino de Mendoza y de la Asociación de Loterías, Quinielas y Casinos Estatales de Argentina (A.L.E.A).

Arquitecturas escalables, ¿la clave del éxito?

Para David Moniz, presidente de la ADCJ, la fragmentación regulatoria de América Latina no debe leerse como un obstáculo, sino como la condición estructural propia de un continente donde «cada jurisdicción ha definido su relación con el juego a partir de su propia historia fiscal, social e institucional».

«Pretender una estrategia regional homogénea sería, francamente, un error de diagnóstico. Lo que sí resulta viable —y es hacia donde están migrando los operadores más sofisticados— es construir arquitecturas escalables sobre una base común, dejando los componentes regulatorios como capas adaptables por mercado», afirma.

Según Moniz, el primer principio es separar lo que es transferible de lo que es local. “La tecnología central, las plataformas de gestión de riesgo, los sistemas antilavado, la integridad de los juegos y los estándares de protección al jugador pueden y deben diseñarse una sola vez, con vocación regional. Sobre esa columna vertebral se montan después los requisitos específicos: el modelo de licencia colombiano administrado por Coljuegos, el esquema provincial y porteño argentino, la reciente regulación federal brasileña, los regímenes de Perú, Panamá o nuestro propio marco dominicano”, dice.

“La diferencia entre un operador que sufre la heterogeneidad y uno que la capitaliza está en haber construido para la modularidad desde el inicio, en lugar de remendar cumplimiento mercado por mercado”.

El segundo punto, para Moniz, es que la carga tributaria y de cumplimiento no se resuelve con ingeniería corporativa agresiva, sino con presencia legítima y diálogo institucional. «Los operadores que intentan arbitrar entre jurisdicciones para minimizar obligaciones terminan exponiéndose precisamente en los mercados donde la fiscalización se está profesionalizando con mayor velocidad. La estrategia escalable sostenible pasa por estructurar entidades locales sólidas, asumir la tributación de cada plaza como un costo de licencia social y operar con plena trazabilidad. El verdadero diferencial competitivo en la región ya no es pagar menos, sino ser confiable ante el regulador», afirma.

Por último, el presidente de la ADCJ considera que el espacio donde los operadores deberían invertir energía es en la convergencia gradual de estándares. Moniz dice: «Desde las asociaciones nacionales y los foros internacionales en los que participamos, estamos empujando hacia el reconocimiento mutuo de buenas prácticas, certificaciones técnicas compartidas y marcos comunes de juego responsable. No tendremos —ni debemos aspirar a— una licencia única latinoamericana, pero sí podemos reducir la fricción haciendo que el cumplimiento en una jurisdicción seria sea reconocido como señal de seriedad en las demás. Esa es, a mi juicio, la verdadera escalabilidad: no uniformar la regla, sino elevar el piso común de confianza».

En esa misma línea, Luis Gama, secretario ejecutivo de CUOASEC, sugiere que un equilibrio entre enfoques globales y locales podría garantizar el cumplimiento normativa y facilitar una expansión sostenible en distintos países de manera eficiente.

«Es clave centralizar procesos, tecnología y gestión de riesgos a nivel regional, pero adaptar licencias, obligaciones fiscales y requisitos regulatorios a las particularidades de cada mercado. Este mix entre estrategias generales y locales permite mantener eficiencia operativa, garantizar el cumplimiento normativo y facilitar una expansión sostenible en distintos países», agrega.

Estandarización de procesos y adaptación

Patricio Molloy, igaming business developer, considera que para construir una estrategia regional escalable en América Latina, el primer paso es entender que no existe una única forma de operar en toda la región.

«Cada mercado requiere una investigación profunda sobre el comportamiento del jugador, los medios de pago, los canales de adquisición, la atención al cliente, la oferta de producto, las promociones y la relación con proveedores y socios locales. Una estrategia que funciona en un país puede fracasar en otro, incluso cuando ambos comparten idioma y ciertas características culturales», dice.

Molloy afirma que utilizar un modelo «copy/paste» es un error y que es fundamental desarrollar una estructura regional sólida y flexible. «La tecnología, los procesos, el reporting y los estándares operativos pueden centralizarse, mientras que el producto, el marketing, los pagos y el soporte deben adaptarse a cada mercado», explica, y agrega: «Para lograrlo, es fundamental incorporar profesionales locales con experiencia comprobada. Estos especialistas permiten validar las decisiones antes de ejecutarlas, detectar problemas operativos con anticipación y evitar que la estrategia regional se construya únicamente desde una oficina central, lejos de la realidad de cada país».

Gerardo Ballesteros Félix Díaz, consultor jurídico y corporativo en materia de juegos y sorteos en LC GAMING, también hace hincapié en los modelos regionales escalables y cree que la clave para evitar naufragar en la fragmentación normativa es «desacoplar la tecnología de la operación regulatoria«.

Ballesteros Félix Díaz explica: «En mercados con marcos maduros como México donde el régimen fiscal (IEPS del 30 por ciento), el estricto cumplimiento PLD/FT de la UIF y el criterio de comercialización mediante permisos vigentes ante SEGOB marcan el estándar, la adaptabilidad es vital».

«Los operadores deben implementar una arquitectura tecnológica modular: una plataforma global capaz de integrarse mediante API con motores locales de impuestos, pasarelas de pago autorizadas y sistemas de reporte en tiempo real».

«La estrategia escalable no busca unificar la regulación, sino estandarizar la gobernanza corporativa e interoperabilidad, delegando el cumplimiento de licencias e impuestos a módulos locales altamente parametrizables según la jurisdicción objetivo».

Criterios comunes, respetando autonomías

Ida López, presidenta del Instituto Provincial de Juegos y Casino de Mendoza y de A.L.E.A cree que la posibilidad de construir estrategias regionales pasa por encontrar criterios comunes, sin perder de vista que cada jurisdicción tiene su propia realidad y sus propias competencias.

«En Argentina tenemos una experiencia concreta en ese sentido a través de A.L.E.A. Somos un país federal, con 24 jurisdicciones que tienen competencias propias en materia de juego, y desde la Asociación trabajamos para generar consensos y avanzar en políticas comunes, siempre respetando la autonomía de cada una. Lo hacemos en temas muy importantes para el sector, como juego responsable, regulación del juego online, prevención del lavado de activos, criterios y buenas prácticas para una comunicación responsable, control y fiscalización, entre otros», explica.

Para López, esa experiencia podría replicarse en el resto de la región, no para que todas las regulaciones sean iguales, sino para acercar criterios y establecer ciertos estándares comunes. «Eso permitiría a los operadores «desarrollar una mirada regional y, a partir de allí, adaptarse a las particularidades que cada mercado tenga en materia de licencias, impuestos y cumplimiento», concluye.

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